HANGAR 1

Cuatro emblemáticas señales extraterrestres registradas, y aún no explicadas por la ciencia

La posible existencia de vida extraterrestre y, más aún, el eventual contacto con ella, ha sido materia de especulaciones, furor y zozobra para la humanidad, al menos desde los tiempos modernos. Mientras tanto, provenientes del espacio exterior, la ciencia ha registrado múltiples señales, hasta ahora inexplicables para los expertos.

 

  • Señales desde el Cúmulo de Perseo: en junio de 2014, prácticamente al unísono, el observatorio de Rayos X Chandra, de la NASA, y el observatorio XXM-Newton, de la Agencia Espacial Europea, registraron una inequívoca señal inteligente de rayos X, procedente del Cúmulo de Perseo, un conjunto de galaxias situadas a 240 millones de años luz.

 

  • Sonido negro: a raíz de los datos obtenidos de un agujero negro, situado en el sistema de estrellas GRS 1915+105, el investigador del MIT, Edward Morgan, recreó uno de los sonidos más perturbadores hasta el momento registrados. El modelo replicado es el agujero negro más grande de la Vía Láctea, superando la masa de nuestro Sol entre 10 y 18 veces. El sonido que emite, un Si bemol, registra una frecuencia 1 millón de veces más profunda que cualquier cosa percibida por el oído humano.

 

  • Estallidos en el espacio: cuando, entre febrero de 2011 y enero de 2012, el radiotelescopio Parkes, situado en Nueva Gales del Sur, Australia, realizó barridos de rutina en el espacio, se topó con cuatro ráfagas de señales de radio. Cada una de ellas no duró más que unos cuantos milisegundos aunque su potencia fue extrema. Si bien se especula con que pudieron provenir desde lo profundo de la Vía Láctea, son muchos los que sostienen que, en realidad, fueron originadas muchísimo más lejos.

 

  • ¡Wow! La señal inaudita: el 15 de agosto de 1977, exactamente a las 23:16 horas, el radiotelescopio Big Ear, en Ohio, Estados Unidos, recibió una señal de procedencia desconocida, que duró 72 largos segundos y contó con una intensidad 30 veces superior al ruido blanco (ruido de fondo) del Universo. Recibió el nombre de ¡Wow!, precisamente porque fue lo único que atinó a escribir en un papel el profesor Jerry Ehman, que por entonces monitoreaba los registros del ordenador que la transcribió. Hasta el día de hoy, la señal continua siendo inexplicable para la ciencia.

 

 

Fuente: labrujulaverde.com

Imagen: Shutterstock