HUMANIDAD

El hombre que sobrevivió más de 30 minutos sin aire bajo el mar

Chris Lemons era parte de un equipo de buceo dedicado a la reparación de las tuberías de un pozo petrolífero, dentro del Campo Petrolífero de Huntington, en la costa este de Escocia. Corría el mes de septiembre de 2012, cuando él y dos compañeros, Dave Youasa y Duncan Allcock, ingresaron a la campana de buceo que bajaría desde el barco Bibby Topaz hasta el lecho marino.

En este tipo de misiones, las embarcaciones suelen contar con sistemas de navegación que le permiten mantenerse en la zona de buceo, mientras los buzos permanecen en el agua. Ese día, la superficie del mar estaba agitada. Lemons y Youasa reparaban las tuberías, mientras Allcock supervisaba las maniobras desde la campana, cuando el sistema de posicionamiento del barco falló.

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Las alarmas submarinas sonaron inmediatamente y los buzos supieron que debían regresar a la campana. Cuando Lemons se puso en movimiento, el cable que trasladaba energía, calor y aire a su traje de buceo, se enganchó en un trozo de metal de una tubería. Seguidamente, antes de que pudiera liberarse, el barco a la deriva tiró aún más del cable hasta romperlo.

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"Quedé rodeado por una oscuridad que lo abarcaba todo", rememora hoy, Lemons. Cuando intentó regresar al pozo de petróleo, con esperanzas de hallar la campana, ya no podía ver: "decidí calmarme y conservar el poco de gas que me quedaba. Solo tenía entre seis y siete minutos de aire de emergencia en la espalda".

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Desde el Bibby Topaz, lanzaron un pequeño submarino de comando a distancia con cámaras incorporadas para encontrarlo. Pronto, vieron con impotencia cómo Lemons dejaba de moverse y su vida se desvanecía. En total, pasaron cerca de 30 minutos hasta que la embarcación pudo reiniciar los sistemas de posicionamiento.

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Cuando finalmente Youasa logró alcanzar a Lemons, tiró de su cuerpo inmóvil hasta la campana de buceo. Una vez dentro, retiraron el casco y comprobaron que el buzo estaba azul y sin respirar. Inmediatamente, le realizaron respiración boca a boca. Sin que nadie pueda aún explicarlo, Lemons comenzó a respirar nuevamente.

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A casi siete años del incidente, Lemons apenas puede creer que haya sobrevivido sin secuelas. Entre los factores que jugaron a su favor, se cuenta la temperatura fría del agua, que ayudó a que su cerebro resistiera más tiempo, sin ser dañado. Eso, sin contar la enorme cuota de suerte por la que hasta hoy se encuentra agradecido.


Fuente: bbc.com

Imágenes: Shutterstock / bbc.com