HUMANIDAD

Julio Nepote, el auténtico último emperador romano

El Nepote más reconocido por la historia fue Cornelio, el historiador galo-romano que vivió en tiempos de Augusto y dejó una antología de biografías titulada “De viris ilustribus”. Pero en la última etapa de la antigua Roma, hubo otro personaje con el mismo apellido que trascendió las fronteras. Se trata de Julio Nepote, al que muchos consideran el último emperador legal del Imperio Romano de Occidente.

Oficialmente, fue Rómulo Augústulo el último en ocupar ese cargo. Era hijo del general Flavio Orestes, un noble panonio que había sido embajador en la corte de Atila y participado en las negociaciones que el rey de los hunos llevó a cabo con el emperador Valentiniano III, precisamente durante el gobierno del emperador Julio Nepote. 

En el 475 d.C. Orestes fue nombrado magister militum para la Galia, donde reprimió una sublevación visigoda. Al regresar protagonizó un golpe contra el emperador, adueñándose de Rávena, la capital imperial, y obligando a Nepote a refugiarse en su Dalmacia natal. Por razones legales, Orestes no podía asumir el trono, así que proclamó a su vástago en el otoño de ese mismo año.

Rómulo Augusto entrega la corona a Odoacro en una ilustración decimonónica

Entre el 455 y el 476 se habían sucedido hasta nueve, ninguno de los cuales reinó más de cinco años y todos fueron depuestos por la fuerza. Más aún, la autoridad imperial había tenido que desplazarse a las fronteras; la capital se trasladó a Rávena y a menudo el emperador se había establecido en la Galia Narbonense.

Para entonces, era el Imperio Romano de Oriente el depositario del verdadero poder de antaño. Antes de fallecer, León I el Tracio había nombrado sucesores a Antemio en Constantinopla y a Julio Nepote en Roma (o en Rávena), los romanos orientales asistieron con cierta indiferencia a la insurrección de Orestes; no reconocieron a Rómulo Augústulo pero tampoco movieron un dedo en su contra.


Fuente: labrujulaverde.com

Imágenes: Wikimedia Commons