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La era de los exoesqueletos biónicos hace realidad el sueño de Ironman

Desde los primeros bocetos, en muchos casos meras especulaciones de la imaginación más frondosa, hasta los primeros prototipos reales y funcionando, no ha pasado tanto tiempo en la breve historia de los exoesqueletos robotizados.

Ya el mismísimo Barack Obama sorprendió al mundo cuando, en un juego sugerente entre chascarrillo e información confidencial, anunció que mantenía reuniones con investigadores dedicados a desarrollar algunos de los metales más avanzados del planeta para la construcción de un Ironman.

Entre los muchos prototipos existentes al día de hoy, el exoesqueleto robot XOS 2 de la compañía Raytheon es seguramente uno de los más espectaculares. Diseñado para actuar en el campo de batalla, este traje robotizado mejora la agilidad, fuerza y resistencia de cualquier soldado que lo vista. Y las expectativas son aún mayores cuando se piensa en el alcance que podría tener en terrenos no bélicos, al servicio de la asistencia humana durante catástrofes y escenarios de emergencia.

Otro prototipo real y en funcionamiento es este body-extender, un exoesqueleto robot de fabricación italiana capaz de mimetizarse perfectamente con los movimientos humanos al caminar, correr, mover los brazos y levantar equipamiento pesado. Está diseñado para asistir en tareas de trabajo en fábricas, o el rescate de víctimas en zona de desastre. Por el momento, en plena etapa de pruebas, permite levantar 50 kilogramos con cada brazo, pero este poder puede ser aumentado sensiblemente con unos pocos ajustes.

Otra arista de gran interés sobre el desarrollo de exoesqueletos está representada por la posibilidad de devolver la capacidad de movimiento a personas lisiadas por un accidente o enfermedad. Existen varios proyectos en curso e incluso son muchas las pruebas piloto que han redundado en excelentes resultados en clínicas y hospitales de América y Europa.