Carros

La historia del aceite para motor

Por: HISTORY Latinoamérica

@QUAKERSTATEMEXICO te acompaña a leer la siguiente nota:

Desde los primeros lubricantes, cuando la grasa era empleada por los antiguos egipcios para morigerar los efectos de la fricción de sus carruajes, hasta hoy, cuando las altas tecnologías dieron paso a sofisticadas fórmulas sintéticas que permiten optimizar el funcionamiento de cada tipo de motor, ha pasado mucha agua debajo del puente.

Hasta el siglo XIX, el hombre utilizó básicamente una mezcla de grasa animal, aceites vegetales y elementos minerales, como la cal, para satisfacer las necesidades de lubricidad en distintos mecanismos. A partir de entonces, la industria del carbón dio paso al desarrollo de las primeras grasas a base de aceites minerales.

Se trató de una grasa en estado sólido, comúnmente denominada briqueta, que se utilizó hasta mediados del siglo XX, cuando el desarrollo de los motores a vapor requirió lubricantes más eficientes. Así surgieron las primeras grasas basadas en jabones metálicos de sodio, aluminio y bario, entre otros componentes.

Hasta 1950, cuando se creó el primer lubricante multiuso, a base de litio, el hombre trabajó con una variada gama de grasas, producidas para cada aplicación. Aunque, actualmente, la gran mayoría de los lubricantes son extraídos del petróleo crudo, es cierto que los aceites de origen animal y vegetal poseen un mayor poder de lubricación.

El grave inconveniente de los aceites de origen animal o vegetal, está dado por su escaza estabilidad: se descomponen y oxidan con relativa facilidad, generando sustancias ácidas extremadamente dañinas para los metales. Es por ello que los lubricantes modernos están basados en aceites de tipo mineral.

El lubricante es el alma de cualquier sistema mecánico. Vale decir que, sin él, las máquinas no podrían funcionar, o lo harían durante un breve lapso antes de colapsar. La tecnología moderna se encuentra en constante innovación, haciendo que la industria de los lubricantes avance y se expanda sin reconocer límites ni horizontes.