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Los asombrosos pasaportes al más allá, que los egipcios usaron hace 2 mil años

Cuando se habla de las momias de Egipto, iconográficamente se piensa en imágenes tales como la máscara mortuoria del faraón Tutankamón, íntegramente elaborada en oro macizo.

Sin embargo, las momias egipcias van mucho más allá y sus máscaras tienen rostros tan variados como sobrecogedores, al punto que muchos de ellos son considerados las pinturas modernistas más antiguas.

Se trata de los retratos de Fayum, los más antiguos que hayan sobrevivido, en gran medida gracias al clima extremadamente seco de la zona en donde fueron enterrados. El buen estado en que se han preservado permite observar, dos mil años después, el arte magnífico con que fueron elaborados.

Los retratos se hacían para acompañar a la momia del difunto, es decir, hombres, mujeres y niños que vivieron y fallecieron en Egipto, en el oasis de Fayum, situado a unos cien kilómetros al sur del Cairo.

Fueron hallados en distintas necrópolis de la región, a finales del siglo XIX, junto a las momias, en la mayoría de los casos sostenidos por las mismas gasas que envolvían a los difuntos, justo en el sitio en donde se ubica el rostro.

Aunque no existe consenso entre los expertos, se estima que las pinturas datan de entre el 50 y el 250 d. C., de la época en que Egipto ya formaba parte del Imperio Romano. Es por eso que las pinturas evidencian una combinación entre el imaginario religioso romano y egipcio.

La teoría más extendida sostiene que las pinturas funcionaron como documento de identidad, el que se presentaba ante Anubis, dios receptor de los muertos, encargado de momificar los cuerpos para hacerlos incorruptibles y eternos, al mismo tiempo que pesaba cada corazón para saber si el difunto merecía entrar al reino de Osiris, o no.

 

 

 

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Fuente: BBC

Imágenes: BBC / Getty Images