UNIVERSO

Un ascensor al cosmos

La idea de acceder al cosmos mediante un súper ascensor, imaginada hace más de un siglo por el ruso Konstantin Tsiolkovski, defendida y perfeccionada durante las décadas sucesivas por personalidades como Arthur Clarke, escritor de ciencia ficción y divulgador científico, parece haber empezado a hacerse realidad. La Academia Internacional de Astronáutica ha publicado un artículo llamado “Ascensores espaciales: evaluación de la viabilidad tecnológica y su desarrollo”, en el cual se detallan las tecnologías que harían posible esta idea, sus posibles beneficios y, por lo tanto, sus potenciales benefactores financieros. Entre los avances más significativos se cuenta la posibilidad de instalar en su órbita paneles solares, que reducirían a una mínima expresión la necesidad de quemar carbón, y por lo tanto talar árboles, para generar energía.

Se solucionaría en gran parte el conflicto de los desechos nucleares, que podrían ser puestos en órbita, y permitiría multiplicar exponencialmente la cantidad de carga en los viajes al espacio. El ascensor estaría hecho de un cable extendido desde el ecuador de la Tierra hasta la orbita geoestacionaria con un contrapeso en el extremo opuesto. Según el artículo, dicho ingenio podría realizarse con nanotubos de carbono, y otros materiales que han demostrado ser capaces de resistir al desgaste que provocarían las condiciones ambientales. Parece ser que esta idea, que al principio sonaba descabellada, ha comenzado a tomarse en serio, como pedía Arthur Clarke, quien decía que “al ascensor espacial lo construirán dentro de diez años, cuando hayan dejado de reírse de la idea”. Según Peter Swan, Ingeniero Jefe del Consorcio de Ascensores Espaciales, quien supone que estos ascensores comenzarán a funcionar entre el 2035 y el 2100, lo que hará reír a la gente en el futuro será pensar que antiguamente se utilizaban cohetes para viajar al espacio.